Mostrando entradas con la etiqueta Recordar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Recordar. Mostrar todas las entradas

domingo, 25 de abril de 2010

Brumas


En las mañanas ocres de otoño el sol quiebra la bruma de los recuerdos.
La primavera volverá, porque siempre vuelve. Pero es inevitable no añorar el aroma de aquellas flores que conocimos.
Imposible regocijarse en los olores de primaveras futuras.
Entonces anoto con letra chiquita y redonda dibujada con tinta y pluma en un papelito las cosas que extraño:
Unos caramelos de cereza que tenían un olor especial.
Los paseítos de domingo con Aníbal.
Los fideos con manteca de Susana.
La primavera de 2007.
Gisela bajando las escaleras para buscar agua caliente.
La tía Nina.
Preparar materias con Fernanda y con Manuel (dos épocas diferentes).
Las pelis en la computadora.
Tomar la leche en La Toma con Román.
Las pastafrolas en la sala de preceptores.
Las noches largas de verano.
Algunos viajes maravillosos.
El vino con Andrea.
El mecano de los sueños compartidos.
Los martes a la mañana en el almacén del Negro.
El sillón de jean.
La cena de los miércoles en su esplendor.
Caminar en Florencia y escalar el Lanín.
Muchas horas de mate bien charlado.
Los copos de nieve y la calecita de la plaza.
La niebla mojándome el pelo camino de la Escuela Normal.
Los mensajes de texto que guardaba y se me borraron.
Los correos que desaparecieron entre tantas reparaciones de la PC.
Los palitos de la Facultad.
Los cubos de madera del living.
Las lasagnas dedicadas.
Las partidas de TEG.
Algunas películas inolvidables a saber: Kamchatka, El Perro, Un Lugar en el Mundo, La Novicia Rebelde...
Y seguro que podría seguir anotando cuantas horas me quedara aquí.
Nostalgias de domingo de otoño. Afuera no llueve. Tal vez mañana ni siquiera haya niebla. Pero será lunes, y los lunes la vida no perdona ni las saudades ni las morriñas.





lunes, 8 de marzo de 2010

Jaime


El sábado murió Jaime Escales.





Fue mayordomo del Colegio del Uruguay por cerca de veinte años más o menos.
Muchas veces me enojé con él. No era un empleado ejemplar y sin embargo amaba el jardín del Colegio. En el otoño daba vuelta la tierra de los canteros y la mezclaba con las hojas secas y dejaba un colchoncito suave para que volviera a crecer el pasto. Era cascarrabias pero también tenía buen humor.
Podaba las rosas a veces y la santa-rita de la pérgola.
Hoy nadie lo recordó.
Durante veinte años toco la vieja campana para llamar a clases pero hoy nadie lo recordó.
Ni siquiera ante la muerte de un compañero se conmovió el egoísmo del rector para decir a todos que un compañero se había marchado. Sólo eso hubiera bastado.
Hasta siempre Jaime. Saludos a Rosarito. Desde algún lado nos estarán acompañando.
Te recordaremos.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Uvas con sabor de Carnaval



Hace muchos años, treinta o tal vez más, el carnaval era un juego de vereda a vereda.
Era un tiempo en que los "grandes" jugaban batallas de agua a balde pelado y nadie se quejaba porque de camino al trabajo lo sorprendiera una guerra en la cuadra de los tales o los cuales en que se armaba la fiesta.
Se jugaba desde después de comer hasta entrada la tardecita. Después a bañarse porque marchábamos todos al corso que se hacía, como Dios manda, en la plaza adornada con luces de colores y grandes faroles chinos.
No había comparsas. En el desfile de carrozas destacaban las de Guinea que eran obras de arte. Las chicas más lindas de la ciudad se postulaban para reinas y las murgas barriales, que no eran murgas a la uruguaya, ponían el sonido monótono y pegadizo del parapám parapám.
Al corso íbamos todos. Los pobres, los ricos y la clase media. Desde el edificio del Centro Comercial arrojaban baldazos generosos para que el agua mojara a quien quiera que estuviera abajo y el placero tenía que quitar las manijitas de las canillas para que los chicos no inflaran globos en la plaza.
Después la fiesta se seguía en los bailes de División, de Rivadavia o Bajada Grande con orquesta en vivo, espuma y mascaritas gratis.
En mi cuadra jugábamos los Pérez, los Rodríguez, los Ferrari, los Jones, los Delerse, los Savio, los Ducret y los Richard. Muchos cargaban agua en la canilla del patio abierto de la Cata. Una especie de zona neutral en la guerra de mojar.
En ese patio había un parral.
Hace un par de días corte uvas en la casa de Cuqui. Mientras lavaba los racimos comía algunas y de pronto sentí en mi boca el sabor pícaro y alegre de aquellos carnavales de mi infancia.
Las uvas del parral de Cuqui tienen sabor de carnaval.


Un apunte más: El carnaval era feriado y su celebración no se salía del mes de febrero.